Librar la pena de muerte en Estados Unidos suena difícil, pero hubo un regiomontano que tuvo la dicha de hacerlo y regresar como héroe a la ciudad que lo vio nacer.

Sin embargo, pareciera que su destino ya estaba escrito y apenas unos meses de recuperar su libertad y volver a su país, falleció en un accidente carretero.
Ricardo Aldape Guerra, era el hijo menor de una familia de clase media originaria de Monterrey, Nuevo León.

La emblemática colonia Moderna fue el lugar donde creció “Ricardito”, como lo llamaba su mamá, Francisca Guerra.

Desde joven soñaba con llegar lejos. En una entrevista que el padre concedió al periódico El Norte, refirió: “Era vivir su vida, por eso fue que se le ocurrió irse de ilegal. Tenía muchos amigos que lo convencieron de irse a Texas y él tenía sus sueños y ambiciones, y por eso se fue”.

Decidió irse a Houston, Texas, con un amigo que tenía: Roberto Carrasco Flores. Aunque entraron con visas de turistas, se quedaron de forma ilegal donde trabajaron en algunos lugares,

Un domingo salieron a dar un paseo en auto y en el recorrido, Carrasco rompió el límite de velocidad alertando a un patrullero de nombre James Harris.

Como eran varias personas, Aldape y Carrasco junto con más amigos, enfrentaron al oficial.

Esto desató una persecución donde hubo varios muertos y el caso se convirtió en la investigación más cara de Texas.

Aldape intentó escapar en el auto, situación que lo inculpó más, pues de haber cooperado con la policía, habría sido deportado.

Pero huyó junto con Carrasco, quien tenía un arma y quien finalmente le disparó al oficial y después fue abatido por los policías.

Hay quienes dicen que Aldape estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Ricardo fue sentenciado a muerte pero después se supo que las pruebas contra él fueron alteradas y la fiscalía habría presentado testigos falsos.

La familia pidió la intervención de en ese entonces gobernador de Nuevo León, Jorge Treviño, pero siempre se mostró poco interesado en el caso.

Pero la esperanza para Ricardo Aldape llegó con la llegada de Scott Attlas a su defensa, quien al tomar el caso, lo exhibió como un ejemplo de corrupción de la justicia norteamericana.

Una jurado afroamericana finalmente desistió condenarlo y el 16 de abril de 1997, George W. Bush, gobernador de Texas en esa época, firmó el indulto.

Benjamín Clariond Reyes, gobernador de Nuevo León, viajó en un jet para regresar a Ricardo a la tierra que lo vio nacer.

Tras 15 años, Ricardo fue recibido como héroe en el Aeropuerto del Norte donde una multitud se congregó.

Aprovechando la fama de Aldape Guerra, Tv Azteca lo buscó para entrevistarlo en su noticiero estelar “Hechos” y ahí, la productora Elisa Salinas le ofreció participar en la novela “Al Norte del Corazón”, que tocaba el tema de la inmigración.

Ricardo aceptó y se mudó a la Ciudad de México. Las grabaciones le permitía viajar a Monterrey para ver a su familia.

Con lo que ganaba se compró un Jetta último modelo, mismo con el cual regresaba a la Sultana del Norte un 22 de agosto de 1997.

Ese día, en el tramo de Matehuala-El Huizache, intentó rebasar a un camión de carga, pero no pudo, y terminó estrellándose.

El choque no parecía mortal, y Aldape Guerra pudo levantarse y dialogar con un elemento de la Policía Federal a quien le dijo “No siento nada, estoy bien, de veras”.

Luego de eso, Ricardo intentó sentarse pero el choque le daño las cervicales y el dolor era intenso, lo que hizo que cayera fulminado.

Al llegar al lugar, los paramédicos determinaron que ya no presentaba signos vitales.

A menos de seis meses de haber recuperado su libertad, la muerte lo reclamó.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here