El 31 de enero de 1979 ocurrió uno de los acontecimiento más emotivos e importantes de Monterrey de la historia moderna: la primera visita del Papa Juan Pablo II.

A tan solo algunos meses haber sido elegido como Papa, Karol Wojtyła decidió romper con la línea que manejaron sus antecesores, buscando con ello reavivar el espíritu católico alrededor del mundo.

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Así que una de sus primeras decisiones fue emprender viajes por todo el mundo para ofrecer un mensaje de paz y de hermandad.

Tras varias semanas de planeación se decidió que el primer viaje del Papa Juan Pablo II sería a territorio americanos, estando contemplados tres países: Bahamas, República Dominicana y ¡México!

El siguiente punto a definir era qué ciudades se visitarían y por fortuna Monterrey fue elegida una de las escalas papales.

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Tras hacer la preparación de la logística y el itinerario, se definió que el Papa estaría en nuestra ciudad el 31 de enero para oficiar una misa masiva y nada más, ya que los tiempos estaban muy ajustados.

El siguiente paso fue elegir el lugar, se consideraron varios espacios abiertos como parques, plazas y estadios, ya que se esperaban miles de personas, hasta que finalmente se optó por el lecho del río Santa Catarina.

El Puente San Luisito (una nueva versión del construido a finales del siglo XIX), el cual se inauguró el 15 de octubre de 1976, sería el punto desde donde el Sumo Pontífice encabezaría el evento.

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Se llegó el día y la respuesta de los regiomontanos fue masiva, intensa y lleva de fervor. Se estima que poco más de un millón de personas se dieron cita en el río para ver y escuchar al nuevo Papa.

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Juan Pablo II brindó mensajes relacionados con la unión, la hermandad y el amor al prójimo, pero también le dedicó palabras a los obreros de Monterrey, reconociendo su esfuerzo y sacrificio. También pidió a los empresarios mejores condiciones de trabajo.

Un obrero de Fundidora de coló entre la comitiva y accedió al puente, en donde le dio un casco de la empresa al Papa, quien se lo puso sonriente.

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Al culminar la misa, el polaco dio su bendición y salió hacia el Aeropuerto para continuar su viaje.

A pesar de que su primera estancia en la ciudad fue breve, sigue siendo muy recordada por todos aquellos que la presenciaron.