Seguramente has escuchado o leído en diversos espacios informativos la palabra “farderas”, la cual se relaciona con una forma de robo a negocios, pero ¿qué hay detrás esta modalidad criminal?

¿De dónde proviene la palabra “farderas”?

La palabra fardera proviene de “fardos”, con la cual, según la Real Academia Española, se denomina para nombrar a aquellos bultos compactados de ropa u otra cosa para su traslado y posterior comercialización.

En términos agropecuarios, los fardos son bloques de paja u otros cultivos de forraje los cuales se prensan para su conservación.

¿Qué son las farderas?

Así, se le llama farderas a aquellas mujeres que roban objetos diversos de centros comerciales, guardándolos en entre sus prendas, bolsas o áreas corporales.

Se use el género femenino ya que en la gran mayoría de los casos estos robos son cometidos por mujeres, aunque a veces hay hombres que forman parte de las bandas.

Los productos que se roban a través de esta modalidad son prendas de vestir, pero también hay casos en los que se sustraen productos alimenticios, maquillaje, cajas con productos diversos, incluso aparatos electrónicos.

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La astucia y organización de las farderas?

Pero este no es un robo sencillo. Los robos tipo farderas son por lo general “golpes” bien planeados, en donde están presentes la varias habilidades quienes los cometen.

Por un lado esta la organización. Las farderas rara vez actúan en solitario, al contrario, lo hacen en grupo.

A veces están tan organizadas que llegan a operar en grupos de hasta 10 personas. Se dividen las tareas: hay quien se encarga de sustraer las cosas, hay quien se encarga de distraer a los empleados de la tienda y personal de seguridad, otros se encargan de apoyar visualmente como vigías y otros encargados de la salida.

Por lo general acuden al lugar del crimen en días previos, para analizar la seguridad del sitio, qué objetos pueden robar, entre otros aspectos.

Además, estos delincuentes cuentan con mucha paciencia ya que saben que hay personal de seguridad y cámaras de circuito cerrado, por lo que se toman su tiempo para cometer el robo.

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Una plaga criminal difícil de parar

Las farderas representan uno de los peores dolores de cabeza para las tiendas y centros comerciales, ya que a pesar de lo que se invierte en personal y tecnología de seguridad, estas delincuentes siguen operando, sin importar que los casos se expongan en redes sociales y medios de comunicación.

Las autoridades gubernamentales “se lavan las manos” y actúan solo cuando hay alguna detención. El problema viene cuando las empresas afectadas no denuncian o el caso se cae por un mal proceso, cosa bastante común.

Esto ha favorecido que los casos no disminuyan, sino que sigan en aumento.

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