En el corazón de Monterrey se encuentra una pequeña construcción religiosa que todos los regiomontanos conocen, pero que ignoran el valor histórico que posee: la Capilla de los Dulces Nombres de Jesús, María y José.

Esta es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Su construcción inició en 1830 por órdenes de la viuda de Don José Antonio de la Garza Saldívar, como parte de la última voluntad de su esposo.

El proceso de edificación tardo 20 años y formaba parte de una casona propiedad de la familia Saldívar, es decir, no era un templo público.

Su diseño parece simple a primera vista, sin embargo tiene influencias neoclásicas que le dan un toque bastante particular.

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Está hecha de sillar y vigas de madera, aunque con el paso del tiempo fue recubierta con otros materiales.

La Capilla de los Dulces Nombres dejó de funcionar como tal en 1928, pero afortunadamente 10 años después fue declarada Patrimonio Nacional.

Con el paso del tiempo se le dieron varios usos, incluso fungió como taller de artes hasta que fue quedando en el abandono.

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No fue sino hasta 1985 cuando el Ayuntamiento de Monterrey hizo un esfuerzo por salvarla y se la entregó al Arzobispado de Monterrey, así en 1989 se volvió a oficiar misa en este templo quedando bajo la administración de Parroquia de la Divina Providencia.

A pesar de ser Patrimonio Nacional, se han hecho varios intentos por derrumbarla, pero por fortuna esto nunca ocurrió, de hecho fue de los pocos inmuebles que sobrevivió a la construcción de la Macroplaza.

Incluso en varias ocasiones se ha querido construir un hotel en seguida de la Capilla, lo cual la afectaría gravemente, lo cual tampoco se ha permitido.

Es importante que este tipo de edificios sean cuidados por las autoridades y que nosotros como ciudadanos les demos el gran valor que poseen, ya que esas construcciones forman parte de la historia de Monterrey.

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