Todo neoleonés ha escuchado el sobrenombre de “Gonzalitos” y tal vez muchos supongan que se trata de un político importante o un artista del Monterrey antiguo, sin embargo esto no es así: Gonzalitos era un médico y no era regiomontanos, sino tapatío.

En efecto, José Eleuterio González nació en Guadalajara, de la entonces llamada Nueva Galicia, el 20 de febrero de 1813.

A temprana edad comenzó a interesarse en la ciencia y pudo ingresar a la Escuela de Medicina de Guadalajara.

A la par de sus estudios, comenzó a trabajar como ayudante en el Hospital San Juan de Dios, administrado por una orden religiosa

José Eleuterio Gonzalez Gonzalitos 200

No fue sino hasta 1833 cuando llegó a Monterrey, consiguiendo empleo en el único hospital que había en la ciudad: el Hospital del Rosario.

A pesar de contar con apenas 20 años y de no haber concluido sus estudios, José Eleuterio se ganó la confianza de los clérigos que administraban el hospital, en parte gracias a las atenciones médicas que le brindó a un fraile regiomontano que recibió los cuidados de Gonzalitos en un hospital de Guadalajara.

Esto obligó al joven médico a volverse un autodidacta y devorar libros de medicina y otras ciencias, logrando graduarse en 1842.

Por otro lado, su espíritu humanista, ya que atendía tanto a ricos como pobres, lo volvió una persona amada en el Monterrey de ese entonces, al grado de que todos le llamaban de cariño “Gonzalitos”.

Gonzalitos

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Él se volvió un intenso promotor de la salud y la educación, abriendo cursos diversos sobre medicina y ciencias.

Pero la visión de Gonzalitos era muy amplia y profunda: abrir una universidad en Nuevo León… y lo logró.

En 1859 se fundó el Colegio Civil y con él varias escuelas, entre ellas la de Medicina, la cual fue dirigida por José Eleuterio.

Llegó la Intervención francesa y con ella los problemas para las cátedras, a pesar de eso las clases siguieron. Fue tal su empeño por continuar con la educación de los jóvenes regiomontanos, que el Imperio de Maximiliano lo iba a condecorar con la Orden Guadalupe, pero Gonzalitos era un liberal y rechazó el reconocimiento.

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El empuje de Gonzalitos en el rubro de educación y desarrollo social en Nuevo León lo llevaron a recibir infinidad reconocimientos.

Pero su obra final resulta aún más impactante. En su testamento asentó: “Todo Monterrey sabe que yo nunca he cobrado nada, que todo lo que tengo ha sido por regalos y donaciones que me han hecho”, por lo cual dejó todos sus bienes a la Escuela de Medicina y al Hospital Civil.

Hoy en día hay varios monumentos en su honor y si nombre lo llevan un municipio, una avenida y un hospital, pero Gonzalitos es más que eso, mucho más.

Tapatío por nacimiento, pero regio por adopción: así fue José Eleuterio González.

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