El 4 de octubre de 2015 fue un día histórico para la vida política del país, pues por primera vez asumía el cargo de gobernador un candidato independiente: se trataba de Jaime Rodríguez Calderón, quien tomaba las riendas de Nuevo León.

Las expectativas eran altas y en general había muchas esperanzas de la gente depositada en “El Bronco” y su gabinete “ciudadano”.

Desafortunadamente las cosas no marcharon tan bien, debido a sus conflictos con el Congreso (algo normal tomando en cuenta que carecía de aliados políticos entre los legisladores), pero sobre todo a varios escándalos protagonizados por sus cercanos colaboradores y por la falta acciones efectivas para castigar los actos de corrupción de las anteriores administraciones.

Entre los escándalos más sonados de estos tres años de “mandato bronco” se encuentran el “Cobijagate”, el cual se dio cuando la administración estatal adquirió mil 200 cobertores para repartirlos como apoyo en las comunidades rurales del sur del Estado, el detalle fue que después se confirmó que habían sido adquiridos por tres veces su valor. Nadie fue castigado penalmente y el caso se mantiene en reserva.

Por otro lado están los múltiples señalamientos contra su amigo Roberto Flores, quien fungió como Procurador de Justicia, a pesar de haber sido detenido en Las Vegas por un problema en un casino. Tuvo que ser removido del cargo por actos de nepotismo.

También pesa sobre Rodríguez Calderón el fracaso de la “Operación Tornado”, una serie de acciones legales para castigar los actos de corrupción de la administración de Rodrigo Medina, pero lo único que se logró fue que éste pisara la cárcel una noche y nada más.

Uno de los incumplimientos de “El Bronco” que más calaron en los neoleoneses fue el haber pedido licencia para “chapulinear” y contender por la Presidencia de la República.

El costo político para el originario de Galeana fue alto, pues sólo alcanzó el 5.3 por ciento de los votos, siendo Nuevo León uno de los estados en el que menos sufragios obtuvo.

Esa candidatura le dejó también una serie de acusaciones por financiamiento ilegal de su campaña y por haber empleado a personal de Gobierno del Estado para la captación de firmas en horario de trabajo, además de haber presentado firmas falsas.

La “gota que derramó el vaso” es la propuesta de aumentar las tarifas del transporte urbano, con la cual incumplió otra promesa de campaña, lo que lo ha llevado a estar al borde de una crisis política.

Así han transcurrido estos primeros tres años de Gobierno independiente.

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