El movimiento estudiantil de 1968 tuvo su punto final el 2 de octubre de ese año, con el punto cumbre de la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz en un mitin realizado en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Con poco menos de tres meses se haberse formado, el movimiento de los estudiantes de la UNAM, el IPN, Chapingo y otras instituciones educativas había alcanzado una importancia insospechada.

Muestra de ello fueron las marchas realizadas durante los meses de agosto y septiembre, en las que se llegaron a congregar hasta 500 mil personas.

Pero las acciones represivas de Díaz Ordaz fueron minando poco a poco el ímpetu de muchos estudiantes, aunque miles se aferraron a seguir adelante con las manifestaciones contra la represión y a favor de varias demandas sociales, entre ellas la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, los cuales sancionaban la diversidad de ideología bajo el argumento del delito de disolución social.

Las Olimpiadas de ese año se celebrarían en la capital del país y el Presidente buscaba dar una imagen positiva de orden hacia el extranjero, por lo que con el pasar de los días se buscó una solución contundente al “problema” de los estudiantes y sería por la línea de la “mano dura”.

Así, el 2 de octubre, durante el mitin estudiantil, el Gobierno tomó cartas en el asunto.

El mitin

Esa tarde se encontraban varios oradores hablando desde uno de los edificios de Tlatelolco, ante cerca de 6 mil personas que estaban en la Plaza las Tres Culturas.

Varios de los presentes notaron cosas extrañas durante el evento, como la presencia de jóvenes con cabello estilo militar cerca del edificio en el que se encontraban los oradores, así como un helicóptero que sobrevolaba a muy baja altura, así como a cuerpos de militares acercándose a la plaza.

A las 6:15 de la tarde, arrojaron desde el helicóptero tres bengalas, tras lo cual se desató una balacera.

Los disparos provenían de los edificios y de los elementos del Ejército, mientras la gente huía despavorida sin un rumbo fijo.

El tiroteo se prolongó por cerca de una hora. Muchos de los asistentes al mitin se refugiaron en los departamentos de Tlatelolco y otros tantos alcanzaron a salir de la plaza.

El saldo oficial fue de 26 muertos, aunque investigaciones periodísticas posteriores señalan 325.

Hubo cientos de detenidos, la mayoría trasladados al Campo Militar número 1.

El Gobierno minimizó los hechos y culpó a los estudiantes por los disturbios, aunque después se supo que fue una acción implementada por el Gobierno federal efectuada mediante el Batallón Olimpia, un grupo militar encargado de mantener el orden ante los Juegos Olímpicos.

El tiempo pasó y nunca se castigó a nadie, pues todo quedó en procesos judiciales inconclusos.

Hasta apenas el pasado 25 de septiembre la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CAEV) del Gobierno federal reconoció que se trató de un crimen de Estado y dio inicio un proceso para restituir el daño causado.

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