Lejos quedaron aquellos años en los que el estigma social machacaba en Monterrey a “los distintos”, a aquellos que se vestían diferente, que escuchaban esa música en la que el acordeón sonaba muy alejado a los aires norteños.

Lejos quedaron aquellos tiempos difíciles en los que había que abrirse camino y nadar a contracorriente por el amor a la música, por el amor a la cumbia.

Nos referimos a Celso Piña, regiomontano que ha roto las fronteras y las barreras generacionales, lingüísticas y musicales, para colocarse hoy en día como un músico del mundo.

“El Rebelde del Acordeón” nació el 6 de abril de 1953, en el seno de una familia humilde en la zona caliente del Cerro de la Campaña.

Desde muy joven se dio cuenta que lo suyo era la música. Experimentó primero con la música regional, pero de pronto conoció el legado de algunos de los máximos exponentes de la música colombiana, como el entrañable Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velázquez y los Corraleros del Majagual, a partir de ahí todo cambió: la música colombiana era el camino.

Celso se aferró con uñas y dientes a la cumbia, no importaron la discriminación, la nula atención de los medios de comunicación, el estigma social y el acoso de las autoridades, entre otros obstáculos.

Pero esta perseverancia y sacrificio le rindieron frutos. Con el fin del milenio se le abrieron las puertas del reconocimiento nacional, de la mano del disco “Barrio Bravo”, en él se incluyeron duetos sui generis que potenciaron la popularidad del álbum.

De esta manera “El Rebelde del Acordeón” comenzó a cosechar lo sembrado años antes y México se puso a bailar a ritmo de cumbia, incluyendo a un huésped distinguido: el maravilloso escritor colombiano, Gabriel García Márquez.

Pero eso era tan solo el inicio, la magia de Piña y su Ronda Bogotá se extendió primero a Estados Unidos, después al resto del continente y lo impensable se dio: en Europa y países asiáticos se interesaron en su música, lo que lo llevó a emprender giras constantes en países de estos continentes.

Hoy Celso continúa llevando la cumbia a todos lados, poniendo el nombre de Monterrey muy en alto.

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