Hoy, hace un año, la ciudad de Monterrey y el país entero quedaron conmocionados por lo que escuchaban y veían en las noticias: un niño de 16 años había atacado con una pistola calibre .22 a sus compañeros de salón y a su maestra, en el Colegio Americano del Noreste.

La mañana del 18 de enero del 2017 parecía como cualquier otra, los autos circulaban sin problemas en la Ciudad, los padres iban a dejar a sus hijos a las escuelas para después tomar rumbo a sus trabajos; a las 07:51 horas de la mañana todo cambió.

Federico Guevara Elizondo sacó de su mochila la pistola que había tomado del armario de su papá, quien era un aficionado de la cacería, y tiro a quemarropa dándoles en la cabeza a dos de sus compañeros y a su maestra, Cecilia Solís Flores, a una de sus compañeras sólo logró darle en el brazo.

Uno de sus compañeros relató que después de los primeros tiros le gritaban “¡Eh, güey, soy yo! ¡Somos nosotros, Federico!”, el joven comenzó a gritarles que se fueran para después darse un tiro en el mentón.

A un año de la tragedia, asociaciones, expertos y el propio Estado han reconocido que se ha hecho muy poco por atender y cuidar la salud mental de los menores, por lo que están conscientes del riesgo de que miles de jóvenes puedan explotar repitiendo lo que sucedió hace un año.

La Secretaría de Educación informó que apenas se tienen 76 psicólogos, esto es, un especialista en salud mental para cada 84 escuelas.

Los Operativos Mochila resurgieron a los pocos días, pero lo cierto es que, a decir de maestros, inspectores y supervisores de diferentes zonas, la aplicación del mismo no es frecuente y tampoco supervisada por la Secretaría de Educación.

“No cuentan con personal preparado para identificar alumnos en situaciones vulnerables en el tema de salud emocional, y los principales responsables, los padres de familia, no queremos reconocer que nuestros hijos necesitan ayuda, por ignorancia, temor, por el qué dirán”, dijo Luz María Ortiz Quintos, de la Unión de Padres de Nuevo León.

Melissa Serna, psicóloga con especialidad en área clínica, coincidió en que tras la crisis de hace un año, se generó una preocupación alta pero de corto plazo, que nunca abordó las causas raíz.

“Este caso en particular nos dijo: aguas, este hijo puede ser tuyo, pero no se hizo gran cosa más que revisarle las mochilas”

Creo que solo fue el ‘boom’ de la angustia lo que nos hizo estar atentos a los niños pero no creo que sea una constante. Una vez que baja la angustia y haces que la escuela revise sus mochilas, todo vuelve a la normalidad”.

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