Un día como hoy pero de 1957 se dio una gran proeza para el deporte nacional, la cual fue realizada no por adultos, sino por un grupo de niños beisbolistas a los que se les llamó “Los Pequeños Gigantes de Monterrey”.

Esta historia fue protagonizada por el equipo infantil de La Liga Industrial de Monterrey, compuesto por Fidel Ruiz, Norberto Villarreal, Baltazar Charles, Gerardo González, Rafael Estrello, Alfonso Cortes, Jesús Contreras, Francisco Aguilar, Mario Ontiveros, Roberto Mendiola, Ricardo Treviño, Pepe Maiz, Ángel Macías y Enrique Suárez, teniendo a César Faz como manager y la participación destacada de José González y Harold Haskins, escuadra que obtuvo el Campeonato de Ligas Pequeñas de Williamsport, Pensilvania.

Este torneo se creó en 1947 y no fue sino hasta 1951 cuando se abrió cupo a equipos extranjeros.

Los peloteritos regiomontanos tenían muchas carencias económicas, ya que la mayoría de ellos eran de clase baja o clase media baja. De hecho al término de los juegos los pequeños jugadores pasaban la gorra entre las gradas, en busca de alguna moneda para poder solventar gastos, comentó en alguna ocasión Pepe Maiz.

Pero estas adversidades fueron superadas por el ímpetu y el amor por el beisbol que tenían los miembros del equipo.

Así, pudieron imponerse en la eliminatoria del sur de Texas, dejando fuera a los equipos de la Ciudad de México, Mission, McAllen, Weslaco y Brownsville, demostrando gran superioridad ante sus rivales.

Después obtuvieron el título de la región sur de Estados Unidos, en Louisville, Kentucky, con lo que pudieron acceder a Williamsport.

Los Industriales pudieron vencer a los niños de Bridgeport, Connecticut, con lo cual pudieron llegar a la final contra el imponente equipo de La Mesa, California.

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La diferencia física entre ambos equipos era notoria, ya que los mexicanos eran mucho más delgados y bajos de estatura, además de que era su primera experiencia en un torneo de esta magnitud, por lo cual eran considerados como una víctima segura.

En Monterrey la expectación fue total, todo mundo estaba escuchando la transmisión de radio del encuentro al grado de que todas las actividades se detuvieron; en otras partes del país también hubo gran emoción por el encuentro del representativo nacional.

Sin embargo, los niños regiomontanos no solo derrotaron a los californianos por marcador de 4 – 0, sino que también el pitcher Ángel Macías consiguió un “juego perfecto”, uno de los máximos logros en un partido de beisbol, consistente en dejar al equipo contrario sin carreras, sin hits y sin bases por bolas.

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La algarabía fue total, pues esta fue en verdad una gran hazaña ya que además era la primera vez que un equipo extranjero ganaba el campeonato.

Después del triunfo los peloteritos mexicanos fueron recibidos en la Casa Blanca por el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower y el vicepresidente Richard Nixon (quien después ocuparía la Presidencia), además de asistir a una reunión en el Capitolio estadounidense.

Con el Presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower.

De regreso a México, fueron recibidos por el Presidente Adolfo Ruiz Cortines.

Al volver a Monterrey, los niños no daban crédito al logro obtenido y la algarabía que provocaron.

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“Cuando veíamos en el avión ya por arriba de Monterrey nos dice el piloto, ‘asómense por las ventanillas’. Nos asomamos y vimos que habían unas vallas tremendas de gente del Aeropuerto del Norte hasta el Palacio de Gobierno”, comentó Don Pepe Maiz, uno de los integrantes del equipo.

La hazaña se repitió un año después: nuevamente el equipo de Monterrey se volvió a alzar con el título mundial de Williamsport, aunque solo repitieron como campeones el coach Faz y Ricardo Treviño.

Esta historia se mantiene como una de las hazañas más importantes del deporte nacional.

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